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martes, 6 de mayo de 2014

Similitudes en los pensamientos de Tales y Anaximandro con las cosmogonías egipcia y mesopotámica

Existen coincidencias entre las teorías de Tales de Mileto y Anaximandro con los pensamientos religiosos de civilizaciones como la egipcia y la mesopotámica. Tales proponía el agua como elemento primordial del cual todas las cosas surgen y al que todas regresan al final; además de mencionar que la tierra flota sobre el agua. Anaximandro por su parte, proponía que el origen de todas las cosas no venía de un elemento determinado; sino de algo inabarcable e infinito que provee de movimiento a todas las cosas, algo indeterminado de donde surgen los contrarios, el principio que da orden al caos, lo llamó apeirón. Quizás en el caso de Tales el principio único y húmedo del que todo surge no sea más que el reflejo de la influencia del pensamiento religioso egipcio sobre el filósofo, pues en algunas reseñas sobre su biografía se mencionan supuestos viajes a Egipto en donde Tales aprendió geometría. Por otra parte para ambos filósofos, la influencia pudo haber llegado por el intercambio comercial y cultural que se vivió en toda la zona de la Anatolía. De esta manera es como transformaron estos conceptos religiosos despegándolos de su origen mitológico para llevarlos al campo de lo racional. 

En el pensamiento religioso egipcio se habla de un principio único del que todo proviene, las “aguas primordiales” llamadas Num, el principio caótico que contiene el potencial de la vida, simbolizado por aguas caóticas. Estas aguas primordiales son descritas como un océano infinito que abarca todo el universo; sin embargo, este océano por sí mismo no puede crear la vida, ni el día ni la noche. Para ello es necesario un demiurgo, al que llaman Atum, quien posee un conocimiento total pudiendo anunciar el destino universal. Por medio de su palabra y toma de conciencia de su propia existencia comienza a surgir todo del Num. Atum es el creador del mundo y su destructor. 

En algunos textos sagrados se narra el despertar del demiurgo como en el libro de la destrucción de Apophis (la serpiente del caos): “Así habla el señor universal: Cuando yo vine a la existencia, el ser vino a la existencia; yo vine a la existencia en forma de Kapri (el sol naciente, literalmente el que deviene), que vino a la existencia cuando la primera vez…”. Así también se narra algo similar en la Estela de Chabaka, de fines del siglo VIII a.C. en la que se transcribió un papiro muy antiguo cuya edad es difícil precisar. En ella se narra que el demiurgo Atum se transforma en el artesano Ptha, pensándose a sí mismo. En seguida Ptha pensó a los otros seres, luego los pronunció y de este modo éstos vinieron a la existencia. “El corazón y la lengua han ejercido su poder sobre todo porque Ptha está dentro del cuerpo (en tanto que es corazón) y dentro de la boca (en tanto que es lengua) de todos los dioses, los hombres, los animales, los insectos y de todo lo que vive en general, que piensan y ordenan todo lo que él quiere”. Después de la creación por medio del demiurgo, las aguas primordiales rodean la Tierra y son el origen de las aguas subterráneas que marcan el límite del mundo de los vivos y el de los muertos.

Los dioses que son creados por el demiurgo no pueden superarlo en poder, ya que se ven limitados a una esfera particular, como ocurre con las fuerzas naturales. Esto mismo se encuentra en la mitología mesopotámica, principalmente en lo que fue la cultura sumeria. Las aguas primordiales eran llamadas Absu, aguas caóticas puestas en orden por medio de Anu, dios primordial. Posteriormente los dioses son creados como representantes de las fuerzas de la naturaleza, cada uno debe avocarse a su labor para ayudar a conservar el orden, sin llevar acabo otra acción que esté más allá de los deseos de Anu. Tanto en el pensamiento egipcio como en el mesopotámico, los dioses se ven muy cercanos a los hombres y lejos están de poseer un poder infinito. Son tan débiles e impulsivos como los seres humanos, por ello mueren sin poder escapar a su destino como lo marca el eterno retorno, para posteriormente volver a nacer. Incluso no se habla de eternidad en el sentido de algo imperecedero; sino de algo de muy larga duración comparado con la vida de una persona, por ello los dioses también mueren. Sin embargo, lo único a lo que pueden llamar realmente eterno es el principio cósmico de generación y destrucción del que algo nuevo vuelve a surgir para repetir el mismo ciclo, y en el que se ve incluido todo ser de la creación. Lo que es arriba es como abajo, el destino humano es su reflejo”.

Estas son algunas de las coincidencias que encuentro en las teorías de los filósofos de Mileto y el pensamiento religioso de las culturas con las que tuvieron contacto comercial y cultural las personas de la Anatolia y que posiblemente hicieron llegar a oídos de Tales y Anaximandro parte de su cosmogonía. Por otra parte, el texto aquí presentado es muy breve y no se extiende en el pensamiento de los filósofos (cosa que haré en otro ensayo); sin embargo dejo los libros consultados para su elaboración en los que se puede indagar y obtener una opinión propia sobre el tema.

Por Laura Ochoa

Fuentes:

Henrri-Charls Puech. Las religiones antiguas Vol. 1. Siglo XXI

Henrri-Charls Puech. Las religiones antiguas Vol. 2. Siglo XXI

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