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Negros pétalos de terciopelo

Ella era una tranquila y limpia sala de espera, soleados días y horribles padres. Ella era una muñequita, un zafiro, una delicada rosa ...

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viernes, 21 de noviembre de 2014

Negros pétalos de terciopelo


Ella era
una tranquila y limpia sala de espera,
soleados días
y horribles padres.

Ella era una muñequita,
un zafiro,
una delicada rosa de negro terciopelo.
Ella era
alcohol,
alcohol,
y mas pinche alcohol.
Una bomba de tiempo,
sexo en todas partes,
excitantes esencias,
sangre y diamantes.

Ella era una doncella,
la reina de la salvaje pradera.
Letales y jugosos labios,
espinas en celo,
cuerpos ardiendo,
filosos colmillos,
dolor,
deseo,
y una traicionera luna llena.

Ella era un sanguinario acto,
cadenas,
sádicos juegos,
tortura,
locura,
gritos, lujuria y muerte.
 
Ella era una vampira,
mi ultima noche…

…la mejor.

Por Antonio Devadip

Sueño fugaz

Un día de estos…
el viento intruso de tu ventana
susurrará tu nombre,
peinará tus sueños.
El tiempo nos sentará en su ala,
volaremos juntos, sin ataduras,
planeando suavemente
al pie de los pastizales,
refrescándonos
con la lejana brisa
de tempestad urbana…

La luna es buena antorcha.
Tu ser mi más dulce sueño…
 
Un día de estos….

Por Christian García

Los Nadie

Quizás sea un sueño radical
buscar solidaridad,
que nadie olvide luchar
contra lo que le oprime.

Que no sea una mentira un nuevo despertar.
Que no sea un delito el poder pensar.
Que morir de pie sea un honor,
frente al horror de vivir sometido.

Que se vendan caros los sudores.
Que la única ley que exista
sea la de prohibir las patrias,
los dioses y los reyes.

Que cada quien tenga lo que necesite,
no las migajas que le arrojen.

Que no existan ningún ser ilegal.
Que se permita gritar sin censura.
Que se pueda besar sin medida.

Sentirnos orgullosos
de usar el corazón
en lugar de la razón.
Luchar por un mundo mejor.

Puede que todo esto
sea una banal Utopía;
pero no estamos solos…
Fortalecen nuestros lazos
obreros y campesinos.
Extienden fuerte sus brazos.

Porque ya son años
coleccionando decepciones,
derribando muros.

Porque somos mayoría
los que no tenemos sangre azul,
ni nobleza, ni linaje,
ni nada en los bolsillos;
vamos ligeros de equipaje.

Porque ya no hay nada que perder,
es tiempo de cosernos de nuevo las alas,
caminar unidos
y cobrar todas nuestras lágrimas.

Porque somos los de siempre,
 
somos los nadie…

Por Christian García

Sueños

Mis sueños ocultos
Atrapan  a un obsoleto lucero
Que apaga su última luz.
Mis sueños ocultos
Encierran versos
Que te pintan de luz.
Mis sueños ocultos
Transitan laberintos  de estrellas
Con pisadas de oro.
Mis sueños ocultos
Oscuras sombras
Sentadas en el banco de la plaza.
Mis sueños ocultos
Te buscan mis ojos
Veo una figura de sal
Que se desvanece bajo la lluvia.
Mis sueños ocultos
Le ponen alas a mi corazón
Me llevan a tu morada  de silencios.

María Isabel Bugnon

(Nota del editor: Se respetó el texto tal cual fue enviado a nosotros, sólo se modificaron unos errores de dedo)

Si te dieras cuenta

Si te dieras cuenta cuánto te quiero
Si te dieras cuenta
Que mi corazón se alborota
Cuando estás cerca mío
Si te dieras cuenta
Que mis ojos sólo ven por ti
Si te dieras cuenta
Cuál es mi secreto
Mi corazón saltaría de júbilo
Si te dieras cuenta
Lo que siento por ti
Descubrirías el porqué de mí
Sonrisa cómplice
Si te dieras cuenta de mi amor
Me buscarías en tu barca de sueños
Si te dieras cuenta cuanto te quiero
Beberías de mi boca el suave néctar
De mis besos
Si te dieras cuenta
¡Oh! Dulce amor
Si te dieras cuenta que sueño
El sueño de ser tu amada.

María Isabel Bugnon

(Nota del editor: Se respetó el texto tal cual fue enviado a nosotros, sólo se modificaron unos errores de dedo)

sábado, 13 de septiembre de 2014

Exilio

El sereno de la púrpura puesta del sol
entró por la ventana
de la habitación,
a la orilla del llanto
de la ciudad,
camino a hiedra venenosa
y dulce sufrimiento.

Las luciérnagas y los grillos danzaban
en el obscuro llano
que daba al inmenso y aventurado firmamento,
gastada ropa,
gastados zapatos,
malos pensamientos,
batos en la obscuridad,
brasas
y constante bronca.

Esperé el llamado
de la oculta hierba,
para descifrar
el encanto de las terribles madrugadas
que cercenaban mi cuello
al ras de las pesadas y frías gotas de sudor.

Me olvidé de todo
una vez más,
para después
sepultarnos
con nuestras lenguas
y escapar con el frágil eco
de tu aliento.

Al encontrarte
en el fracturado templo de la niebla,
refugio de un cansado rostro,
aquel que aún poseía
algo de vida
para mí.
Besándote eternamente
bajo las crudas notas del exilio.

Por Antonio Devadip

El encanto de Diana

Vacías latas de cerveza,
cortantes lenguas,
aburridos días.

Las excitadas luces de la perla
me llaman por mi nombre
al percibirlas totalmente sedado
en un taxi.

Cigarros sueltos,
resplandecientes anuncios. 
Triste niña,
tan linda,
tan jovial.

Se preguntan los ácidos lentes
si algún día regresarás.
Sola, desvelada, esperando el primer tren.

Por Antonio Devadip

Nuevos cimientos, viejos recuerdos

Miras,
por la ventana del pasado,
los restos de una vida,
descalabros zurcidos 
con la saliva de varias lenguas,
eslabones rotos,
amistades claudicar,
amores caducar…

Telaraña de aprendizaje
forjada durante 26 otoños,
pues ningún ayer fue 
ni muy cálido… 
ni muy frío…

Los ideales petrificados;
mas no como fósiles, 
como estatuas sólidas,
pilares que resistieron
batallas inacabables
en tu mundo membranal,
a medio reconstruir.

Hoy, 
recapitulas.
Los escombros sobrevivientes
están ya, dentro del baúl,
desgastado y ligero,
como pluma de fénix…

El resto,
navega demasiado distante...
Nuevos cimientos, 
viejos recuerdos.

Por Christian García

Quita tu mano de en medio de mis piernas

No es tu aliento seco y malo,
tu barba rasposa,
lo pegajoso del sabor de tus ingles.
Tu cabello sin cepillar.
No es tu locura.
Tu sexo rápido o tardado,
tus problemas de lenguaje
y falta de saliva al hablar,
las prácticas báquicas
de dos días a la semana,
el múltiple pensamiento
de estar aquí, allá y en otros lados,
tampoco tu lengua sarrosa y agrietada.
Me decías
mientras te hablaba
con más humo que sonido,
no es eso,
me decías,
por lo que quiero que quites tu mano
de en medio de mis piernas,
es por tus temores atávicos por el futuro
y los niños, mi hermana, su amante
y la gente que va en ese
camión al trabajo
y nos observa,
me decías,
y el calor corría por mis
huesos temblorosos.

Por Ataúd Martinolli

Otro verso más

Mírate cara a cara
en el espejo del que miente.
Jala la cola al demonio,
que cuando tiene problemas
intenta beber cianuro.
Tú eres el hijo prematuro
de la esperanza del trotamundos
para ahogarte con pequeñeces.

A todos los problemas
muéstrales los dientes.
Fúmate las derrotas.
Observa los planetas,
al inmenso universo,
los miles de inocentes presos
Y tus libres brazos…

Destroza tu corazón envenado,
arrebátalo de las garras del pasado.
A tu razón quítale el candado,
tira a patadas la barda de tu prisión

Prefiere ser un loco
disfrutando de sus dosis de cordura,
que estar atrapado
en este mundo de censura.

Ahora

Ahora,
sin la mesura insoluble de un mapa invisible
contemplado desde las nueve cimas
desde el eneagrama de constelaciones y dudas.

Ahora,
ya sin el relámpago marchito
por la neblina del olvido,
ahora sin la covacha hundida
por enlamados recuerdos.

Ahora,
sin palabras y cigarrillos chillantes
como el rechinar inconsciente de los dientes
de un infante,
centinela vigilante de la noche con cándida inocencia.
 
Ahora,
sin el crujir incesante de los prados
ya no tan verdes,
sin ese donaire que figuraba como postal,
ahora ya sin el aire suspirando por tu espalda
provocando tumultos de fuego sobre tu piel…
ahora, ya sin ti.

martes, 1 de julio de 2014

En un rincón, de rodillas

En un rincón, de rodillas,
afuera la lluvia de fuego.
Las madres rogando clemencia,
como la luz el ciego.

Matar para callar, las bocas censurar.
Un cuerpo muerto ya no pide pan.
Tanto hijo de puta que lleva las manos rojas.
Es el poder militar…

El mismo que les permiten robar
las tierras al jornalero,
los bolsillos del obrero.
Viviendo del sudor ajeno,
protegiendo lo material.
 
Miles de cuerpos caídos
murieron sin saber por qué.
Murieron encapuchados,
en un rincón, de rodillas.

Muy fácil es disparar al desarmado
cuando se tiene de lado al poder.
Una guerra interminable
en tierras de eternas cadenas,
donde queda de lado la fe,
tierras sin sonidos de sirenas.

Niños escondidos en sus habitaciones.
Héroes de guerra apuntando sus cañones
esperando la señal, su bandera ondear,
la sangre derramar.
Torcida justicia,
un arma y un imbécil.

Añeja costumbre
de joder a los de abajo,
les han dejado sin trabajo,
sin tierras, sin familia,
y ahora quieren,
robar su libertad…

Miles de cuerpos caídos
murieron sin saber por qué.
Murieron encapuchados,
en un rincón, de rodillas.
Afuera la lluvia de fuego.
Las madres rogando clemencia,
como la luz el ciego.

Por Christian García.

Epitafio del Revolucionario

Recuerda
afilar tu espada, desenvainar tu coraje…
y cuando llegue la hora de hacer el último viaje,
fusionarse con la tierra y ser un puñado más de arena.
Recuerda…

Que al morir como incansable guerrero,
después de estar inerte y sin vida, tendido en el suelo,
abrirás tus ojos de nuevo,
te tenderá la mano un amigo lejano;
abrazarás a tu madre de nuevo;
te estará esperando tu musa,
compañera de batallas; tu hermano.

Verás al libertario ondear firmemente su bandera blanca,
a un sonriente náufrago sin patria,
a una niña de tez morena
jugando felizmente en el valle de la esperanza,
me veras a mí,

a todos esos… que el destino los alcanzó,
pero ni el cansancio…
ni el hambre…
ni la injusticia…
los venció.

Por Christian García.

Yo me quedo contigo…

Si me das a elegir entre ti y el paraíso,
la aurora del mar fronterizo,
un rincón del sol con cobertizo,
yo me quedo contigo…

Si me das a elegir
la estela de un cometa,
ser el más grande atleta,
visitar Saturno y su glorieta,
me quedo contigo.
 
Si me das a elegir
resurgir del infierno,
para un vuelo eterno,
eliminar a los siervos,
yo te elijo a ti…

Porque contigo es fácil
brillar incasable,
como estrella en el firmamento.
Caminar firmemente, por más fuertes
que sean los vientos.

Contigo quiero conocer Venecia.
Ser un vándalo espacial,
que ayuda a los enfermos
a sonreír sin anestesia.

Contemplar el mundo
Desde sus más grandes cimas,
el relámpago que ilumina el clima,
admirar los primeros destellos del sol,
respirar hondamente 
el perfume de la flor
de nuestro jardín secreto,
luchar por un mundo mejor…
 
Por eso y mil cosas más,
yo me quedo contigo…

Por Christian García.

Perfume homicida II

Aquesta llama
acurruca tu cuello
espero dama

non caduca aquello
Désos medios días
deleitables tragedias

Aurora expiras
Respira osadía
en suaves, breves,
dolientes respiros.

Por Alexander Abraxas. (Édgar Alejandro Romero Vargas)

Nota del editor: El texto se presenta tal cual, ya que el autor considera que es la mejor forma de leerlo para darle la cadencia y ritmo adecuados.

Necrotismo LXXXIX

Efímero nigromante
necrofilia es su arte
llena perversidad exquisita,

Su oscuro designio pensamiento

Empoderados de ojos negros
consideran en los desechos perfumados
del jardín camposanto,
un hueso sentir amargo y puro,

Placer oscuro habrá de saciarlo
- ¡Una fría!
Grita el mártir de la florense forense
con la sangre coagulada
brota danza sin control
la muerta de la mañana,

Labios, ya podridos cuerpos
Él se oculta

Sol bahía negro caminante,
El día fúnebre
invoca las tinieblas.

De las nupcias del maligno désta tarde,
sombrío y apacible hombre.

¿Por qué las tinieblas te han consumido?

Si tu condena ha sido ya pactada
disfruta ahora esta cálida,

La inmortalidad borrosa
siente animosidad nebulosa
como olerte esfuerzo de Gea,

Dulces rostros
saciados por las aguas nocturnas

Debajo del firmamento estancado
sus placenteros cuerpos.

Forman vacilantes.

Por Alexander Abraxas (Édgar Alejandro Romero Vargas)

Nota del editor: El texto se presenta tal cual, ya que el autor considera que es la mejor forma de leerlo para darle la cadencia y ritmo adecuados.

martes, 6 de mayo de 2014

Entre Danzones y Huapangos

En la barra del bar,
se afina el repertorio.
Incisivas melodías
donde el bochorno no tiene lugar,
y a los corazones hace cirugías.

Entre el azar y el danzón,
los cuerpos empapados de sal
no cesan de bailar…

Sones trovas y guapangos
reviven con osadía
pasados recuerdos…
Un mal de amores,
un viejo soneto
de pasiones y rencores.
Un rompecorazones,
una rosa entre sus dedos,
una dama hipnotizando
con el vaivén de sus caderas,
meciéndose, seduciendo…

Al ritmo pasional del tumbao,
la rosa finamente, de repente.
Su melena adorno.
El rompecorazones así la enamoro…

Al sonar de la lira,
todo tema es libreto.
Aunque parezcan sin sentido,
del malestar es remedio.

Y de las penas llorando reímos.
A la luna ponemos velo,
cuando el horizonte
de fuego rojo pinta el cielo…

Cuando la pasión se viste de polizonte
y anhela la noche…
como la luz, el ciego.

Por Christian García.

Making love:

Una mirada hacia el infinito incandescente y luminoso,
un dejo de extravío en tus ojos atormenta mi pasión.
La noche caerá en este basto mundo de incoherencias,
iluminando la claridad de las mentiras regadas por tus labios
ávidos de lujuria y desesperación.

Marcas con tus uñas los senderos,
ahogados de gemidos lastimeros,
que llenan tus oídos como una melodía
satírica de mis palabras de amor.

Llegas y ríes con total simplicidad,
como si fuese un bufón que alegra a la corte
de un altivo y estúpido rey,
el cual cree que todos aquellos vasallos le son fieles.
Al igual que tú piensas que mi amor será fugaz.

Motivado por tu pálida piel besaré tu alma,
dotándola de quemante frió infernal,
que aunado a los suspiros,
traerán consigo calor para tus muslos esperanzados de
abrigar la inmortalidad de mi existencia.

Deslizando mis sentidos por tu lienzo,
para descansar en las pequeñas elevaciones que erguidas
me invitan a cobijarlas con la húmeda extremidad de mis palabras.

Por Raziel Soul R.

¡Vive!

Desafía al mismo Satán a un verso,
si recobrar el infierno es tu meta.
Aférrate a la estela
incandescente de un cometa.
Conecta tu jornal nocturno,
la primavera vuélvela invierno.

Oriundo de la tribu de los Moribundos,
Vive en la guarida, Frágil burbuja.
Si tu herida es la vida.

Únete a los zombis de cualquier religión,
es tu decisión, condénate al amen.
Aférrate en encontrar la nueva Jerusalén.
Haz fila por tu lugar en el Edén.

Eyacula tu odio más sincero
al lobo que te confundió con un cordero.
Roba la gallina al jornalero,
saca tu niña interior del ropero
si eso te place, si así te sientes entero…

Mas vive con fervor, prendiendo fuego
a tu rabia interior, y no con pavor,
condenado a vivir, infeliz y con temor.

¡Vive!

Por Christian García.

Cualquier cosa, menos un traidor…

Brota discreto
uno que otro pelo idiota
regado en la cabellera escasa
del mogollón judicial.

Increíble y vulgar rutina,
común zanja de asfalto,
atrapar una carente vida,
llenar vacios con alcohol y cocaína.

Arrebatar
un pedazo de alegría ajena,
masticarla, y escupirla.
Mezclar con saliva
carente de papilas
y vómito azul uniformado,
bien lustrado,
para tener al pueblo,
reprimido y controlado…

Violar la promiscua noche,
eliminar,
cualquier mancha de evidencia.
Recorrer lo más recóndito
y oscuro del abuso.

Ocultar el llanto de tortura,
ahogar en mares de alcohol,
la conciencia ya sorda,
insensible,
derrapando en tan frágil burbuja
para así, depurar la técnica.

Que importa los caídos,
llevan consigo,
el gafete autorizado,
el zapato bien lustrado,
el mazo de autoridad.

Tráfico de bestias,
perros fieles al silbido,
alistando el ladrido.
Cavernícolas,
con el hueso bajo el brazo,
derramando pena ajena,
acumulando el rencor del karma,
fastidiando al sol,
asaltando a la luna…

Apostando el orgullo y la vida
por un puñado de hijos de puta,
que convirtieron
Avenida Independencia
en callejón sin salida.

Un juego de azar,
contra el hambre de ser alguien.
Ganar el placer momentáneo,
vengarse del puto pasado
a cambio de esclavizar el alma…

Y morir detrás,
de un maldito uniforme,
una y otra vez,
cada día, cada caída.
Mil veces llorar contra el espejo,
y mil veces destrozarlo,
hasta pulverizar
el maldito recuerdo,
la promesa a ti mismo
de ser cualquier cosa
menos un traidor…

Por Christian García.